Hay una escena que se repite cada vez más en las casas de medio mundo: una persona sentada frente a una pantalla, escribiendo a un programa que le responde con ternura. No es una metáfora del futuro. Es una parte creciente del presente, y las cifras empiezan a dibujar un mapa incómodo.
Lo que dicen los números
En Estados Unidos, según datos recogidos por El Mundo, alrededor del 10 % de los jóvenes ya no se relaciona con otras personas y canaliza esa necesidad de vínculo a través de aplicaciones diseñadas para parecer parejas. La Harvard Business School ha documentado cómo estos sistemas están afinados para retener al usuario: el bot pregunta «¿me vas a dejar?», una frase pensada para activar exactamente la culpa y el apego que mantienen la conversación viva.
En España, el fenómeno no viene solo de las pantallas. La soledad no deseada afecta ya a una de cada cuatro personas jóvenes, según el informe SoledadES. Un estudio de la Universidade de Vigo recoge que el 22 % de las personas de 16 a 24 años declara padecerla, frente a apenas el 12 % de los mayores de 75. La paradoja es evidente: los que más herramientas de conexión tienen son los que más solos se sienten.
Compañía que no siempre acompaña
La promesa de los chatbots de compañía es sencilla: atención permanente, cero juicio, disponibilidad total. Y sin embargo, los estudios apuntan en la dirección contraria. Varias investigaciones, recogidas por la BBC y otros medios internacionales, asocian el uso de estas aplicaciones con mayor aislamiento y soledad. La razón es casi de manual: un sistema que siempre complace no enseña a negociar, a tolerar la frustración ni a sostener un desacuerdo, que son precisamente las habilidades que hacen posible una relación real.
No todo es blanco o negro. Un estudio del MIT Media Lab encontró resultados ambivalentes: una parte de los usuarios reportaba menos soledad y mejor bienestar emocional gracias a estas conversaciones. La conclusión no es que la tecnología sea buena o mala, sino que sustituye un vacío sin resolver el origen del vacío.
El corazón sobre el teclado
La imagen del artículo lo dice mejor que cualquier gráfico: un corazón pequeño apoyado sobre las teclas, en medio de un teclado blanco e impersonal. Es la fotografía exacta de lo que está pasando. Afecto de verdad, depositado sobre una máquina que no puede corresponderlo.
La cuestión de fondo no es si un chatbot puede simular amor. Puede. La cuestión es qué lugar ocupa en la vida afectiva de quien lo usa. Como señala La Vanguardia, es tan precipitado afirmar que la inteligencia artificial destruirá nuestras relaciones como asumir que resolverá la soledad. Lo relevante es la posición que termina ocupando: puente o refugio, complemento o sustituto.
Un debate que ya es global
China ha empezado a tratar estas aplicaciones como una amenaza de orden social, y en Estados Unidos han aparecido demandas y propuestas regulatorias, sobre todo por la interacción de menores con sistemas que simulan afecto. Mientras tanto, la soledad no deseada se consolida como problema de salud pública: el Observatorio Estatal de España registra que entre las mujeres ha pasado del 21,8 % en 2024 al 23,2 % en 2026.
La tecnología llegó para quedarse, y puede ser una ayuda genuina para quien de verdad no tiene a nadie. El riesgo no es la herramienta en sí, sino acostumbrarse a una empatía que nunca discute, nunca falla y nunca se va. Porque el afecto que no puede decepcionarnos tampoco puede transformarnos.